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Jesús Blasco de Avellaneda, Premio Solidario PHOTOINGENIA 2016-17

Periodista, fotoperiodista y productor referente en el periodismo social, humano y comprometido a nivel internacional que ha destacado por su trabajo en defensa de los derechos fundamentales, la libertad de expresión, la objetividad y la veracidad, principalmente desde la frontera sur de Europa. Ha expuesto sus fotografías y vídeos en los cinco continentes y ha publicado en medios como The New York Times, The Guardian, The Boston Globe, CNN, BBC, EuroNews o Al Jazeera. Ha sido director territorial de Televisión Española, delegado de informativos Telecinco y de la Agencia Colpisa, corresponsal de Periodismo Humano y El Diario, y fotógrafo de las agencias EFE, France Presse y Associated Press. Actualmente trabaja como freelance y colabora habitualmente con la Agencia Reuters, Mediaset, A3Media y el diario El Mundo, entre otros muchos. Profesor de ‘Periodismo social y ciudadano’ en la Universidad de Granada, imparte ponencias y talleres habitualmente en multitud de universidades y colabora con diferentes entidades y organizaciones sociales. Ha recibido multitud de premios y distinciones no sólo por su labor informativa, sino también por su defensa de las libertades y su compromiso con la verdad.

Jesús Blasco de Avellaneda sobre "LOS VAGONES DE IDOMENI": “El campamento de refugiados de Idomeni, ya a medidos de mayo de 2016, horas antes de que lo desalojaran por la fuerza, albergaba a los últimos de los últimos que huían de las guerras de Siria, Iraq, Kurdistán o Afganistán. Niños guérfanos, ancianos, enfermos, gente sin recursos para poder cruzar las vallas que se iban levantando a su paso y que les cerraban la posibilidad de alcanzar el sueño europeo. La mayoría de la gente dormía en tiendas de campaña levantadas entre piedras y barro, pero unos pocos afortunados se refugiaban en vagones de tren abandonados a las puertas de Macedonia. Este vagón, el de la fotografía, llamaba mucho la atención porque sus moradores estaban siempre dentro, apenas salían. Habían alcanzado la comodidad y tranquilidad de un hogar en un viejo y desvencijado vagón de tren sin nada en su interior. Y ello era gracias a la ingeniería y a las nuevas tecnologías. Un par
de placas solares, pequeñas, rústicas, casi de juguete, les permitían tener cargados sus teléfonos, poder ver la televisión, tener luz o refrigerada la comida. Con poco, con muy poco habían decorado, amueblado y equipado un antro y habían hecho de él un hogar. Un lugar donde disfrutar, despreocuparse y olvidarse por un tiempo de la guerra, de lo que habían dejado atrás y de lo que les esperaba por delante, si es que conseguían avanzar. La fotografía únicamente intentaba reflejar que con muy poco, unas personas humildes, en un lugar lóbrego, pueden encontrar la paz. Les observaba cada día cuando pasaba delante de su vagón y me hacían reflexionar. Un día, justo el día antes del desalojo de los campamentos, me paré delante, subí la cámara y disparé.”

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